Con el mismo ánimo febril de carnaval, estadios e iglesias comparten sus fieles.
Uno levantó su púlpito en las canchas. Kaká registró por años una sola marca en su pecho, el dÃa de su matrimonio era pública su virginidad. La estrella del Madrid anunció su deseo de ser pastor apenas deje el fútbol.
La devoción rompió cualquier barrera, el musulmán Seydou Keita, agradeció a Alá y ante 83.000 personas, el favor divino de hacer un gol con el Barcelona.
Pero algunos ni siquiera permiten ese pulso entre fútbol y fe. El arquero Carlos Roa, estrella de Argentina en Francia 98 y famoso por usar la camisa 13 en honor a Jesucristo y a la Trinidad, colgó los guantes antes de renunciar a los sábados en su iglesia adventista.
La misma encrucijada vivió el colombosuizo, Johan Volanthen, al llegar al ItagüÃ.
A finales de los años 80, Silvano EspÃndola, Ãdolo de Millonarios y MedellÃn, prefirió el púlpito antes que otro podio.
Esa religión sin ateos para unos, sin Dios para otros, cada vez se esfuerza menos en atraer fieles o conservarlos. Hace más de 40 años el mensaje se fundió en una sola pasión.
Hoy, la cuenta de apóstoles en las canchas del mundo no para, porque los milagros de la fe y del fútbol a veces se encuentran en el mismo sitio.
el futbol es carrera muy
el futbol es carrera muy
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gracias a dios hay muchas
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