
A él le tocó presenciar como uno a uno de sus amigos caía en manos de la delincuencia. Por fortuna, Robinson siguió los pasos de su padre y decidió continuar abriendo puertas para quienes ya no tenían esperanzas de una vida mejor. Uno de ellos es Juan David, a quien un accidente lo hizo corregir su camino, al recordar la alegría inmensa que de niño, el teatro le había permitido sentir. Ahora las tablas se convirtieron en una opción de vida muy diferente a la que llevaba y que por poco lo lleva a la muerte.
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